Ureña y su querer

El cielo de Lorca sabía que había toros. Y sin terminar de arrancarse a llover, si amenazó seriamente una hora y media antes del festejo. Tocaron los clarines celestiales y el firmamento se pintó azabache. Mala cosa. A esa hora, es cuando el último tirón de ánimo, llega para que la gente acuda a la... Leer más →

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