Rotunda opinión de un jurista sobre la Plaza Torero Ortega Cano

Enrique Quiñonero Cervantes, magistrado del Tribunal Supremo de Justicia de Murcia, Catedrático de Derecho Civil y profesor en la Universidad Católica de Murcia, amén de  aficionado, se ha pronunciado con un artículo de opinión sobre el intento de quitar el nombre y el busto que existe a la plaza Torero Ortega Cano, por parte del concejal de UPyD, el único de esta formación, en el Ayuntamiento de Murcia. Lo manifestado por el jurista, es rotundo y a su «trabajo» ha tenido acceso este diario online que lo reproduce íntegramente:

 

                                                                 JOSE ORTEGA CANO

 

Un día aciago José Ortega Cano atropelló por velocidad excesiva y consumo de alcohol a un hombre y le produjo la muerte. El sufrió graves heridas. Su conducta fue juzgada, se le impuso una condena y fue encarcelado. La esencia de su comportamiento es la imprudencia, una grave imprudencia, pero no el dolo, esto es la deliberada intención de cometer delito. El resultado de su conducta fue la muerte de un hombre; algo irreparable y por lo que pagará durante toda su vida una pena que excede a la que le pueda imponer el Derecho. Esa pena seca que impone la conciencia.

 

Un día luminoso la representación de sus paisanos acordó dedicarle un espacio de la ciudad, un sitio que se señala con su nombre y que lleva a la memoria de todos sus méritos. Alcanzó ese honor porque es una figura del toreo que nació en suelo murciano y porque siempre se ha reconocido como perteneciente a esa tierra de luz cartagenera que es la primera que vieron sus ojos.

 

El mérito que le hizo merecedor de aquél reconocimiento persiste. Lo ganó en la Plaza a fuerza de miedo y valor, de arte y de entrega, de angustias y cornadas y, sobre todo, de buen toreo, porque Ortega Cano toreó muy bien y las verónicas, redondos, naturales y estocadas están en ese sitio, allí reconocidas, al que la gente de Murcia señaló con su nombre.

 

Una desatinada iniciativa quiere borrar ese nombre y añadir esa suerte de muerte civil a la pena que sufre. Y no es justo. Si su conducta determinó un castigo, ese castigo no debe verse acrecentado por una medida alejada de la sensatez y la ponderación. Una decisión que olvida que si existe la justicia, también existe el perdón y que, retribuida la sociedad mediante la Ley, el reproche debe quedar en su quicio. Los que firmamos estas palabras lo hacemos como aficionados a los toros y como murcianos y pedimos que el nombre de José Ortega Cano permanezca donde se puso, porque su gloria es la del toreo, difícil de alcanzar pero imposible de perder, hecha con el mérito de jugarse la vida y de buscar la belleza a través del sutil arte del toreo. Gloria que no puede ser borrada por la ceguera de un político, ni encerrada por la reja de una cárcel.

 

Es de esencia de la naturaleza humana su predisposición al error, incluso al más grave. Si a la hora de poner nombres a los lugares esto fuese tenido en cuenta, las calles no deberían ser designadas con nombres de seres humanos. Pero es también privilegios del hombre dar vida a lo meritorio, a lo hermoso, a lo artístico. Además, junto a la debilidad del error, aparece la grandeza de la generosidad y en muchas ocasiones Ortega Cano, como todos los toreros, participó en actuaciones benéficas, muchas en el Festival del cáncer en Murcia. En toda vida hay un debe y un haber, una luz y una sombra, una suerte y un infortunio. No es propósito de estas palabras recriminar a nadie, sino exclusivamente significar que esa infamia de borrar su nombre, ese acto deliberado de desprecio nos parece una venganza y si la justicia es instrumento hábil para castigar, la venganza no lo es.

 

Enrique Quiñonero Cervantes

Los comentarios están cerrados.

Subir ↑