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El mal tiempo fue una de las notas destacadas del Festival Contra el Cáncer celebrado ayer en Murcia. Contra viento, marea, charcos, barro y con la más «pobre» entrada de su historia (unos 2/3 de aforo), y con algo más de media hora larga de retrasos sobre el horario previsto, los alguacilillos abrieron una plaza en donde el albero parecía más el suelo de un taller de carpintería (por el serrín) que el de un coso taurino.
Mérito de los areneros, de la empresa, de los toreros y de un público festivo y entusiasta que aguantó hasta las ocho y media de tarde cuando la noche empezaba a ser fría.
La tarde tuvo nombre propio: los toreros murcianos y el maestro Enrique Ponce. El de Chiva, Rafaelillo y Puerta cortaron dos orejas y rabo cada uno y Paco Ureña dos apéndices, mientras el único que se fue sin «tocar pelo» fue El Cid al que le tocó el novillo-toro con más problemas del encierro. Sergio Galan, que volvió a gustar, también cortó dos orejas y a Conde, le dieron una. Pero no entremos en el detalle de los trofeos porque este es el «Festival de la Alegría», y alegre estuvo el público, los organizadores, la AECC y la presidencia.
El toro de Bohórquez, aunque justo de fuerzas, le sirvió a Galán para en una faena corta, demostrar que es un rejoneador puesto, que tiene una excelente cuadra de caballos, que busca la pureza de este arte más que la espectacularidades, y que en toda la faena tan solo hizo una pasada en falso. El resto, perfecto. Un rejón de castigo, tres banderillas a una mano, un par a dos manos, tres banderillas cortas, una rosa y un rejonazo de muerte, le sirvieron para cortar las dos orejas, lucir a sus monturas, y de una manera especial a «Apolo» y a «Artista».
Ponce abría el cartel en el año de su veinticinco aniversario como matador de toros y estuvo en maestro toda la tarde. La técnica de este torero no se ha perdido con el paso de los años, sino todo lo contrario, es ahora cuando torea bastante mejor. Lanceó con gusto a su novillo, lo dosificó en el caballo, y con la muleta (aunque a veces abusó del pico) tiene una personalidad y repertorio que llega a los tendidos. Este es un torerazo de leyenda y así se le tratará en la historia de la tauromaquia. Con la espada fue un cañón.
Lo de Conde es cosa aparte. Ni siquiera en un festival, afeitado como está permitido, se confía el malagueño. Para él, casi todos los toros tienen problemas, pero eso no tiene nada que ver cuando en el embroque da el paso hacia atrás, se los lleva a Antequera con el pico de la muleta, no compone la figura y ha debido olvidarse de lo que es meter los riñones. ¿Catedrático de Tauromaquia en la UCAM? ¡Vamos anda !, que forma de desprestigiar a Liria y a Ponce. Mató de pinchazo y casi entera contraria, y le dieron (no negamos a decir que cortó) una oreja.
Quien salió a revienta calderas fue Rafaelillo. Hay que ver la raza que tiene este torero. Había entrado en el festival por la vía de la sustitución, y como no podía ser de otra manera, quiso demostrar que por méritos propios tenía sitio en el mismo. Que entre Conde y Rafa se quede en su casa el del Barrio del Carmen, es para partirse de risa.
Faroles de rodillas con el capote, verónicas y dos medias sensacionales llevaron una brisa caliente a los tendidos que aplaudieron a rabiar. Con la muleta faena iniciada con las dos rodillas en tierra, para empezar las tandas de derechazos, muy valiente siempre, por encima de su oponente, lo probó por el lado izquierdo, estuvo siempre decidido y pegó una gran estocada lo que valieron las dos orejas y el rabo. Rafa dio la vuelta al ruedo llevando en brazos a cada una de sus hijas.
El peor de la tarde le tocó a «El Cid». El novillo, el de menos carita del encierro, no valió por ninguno de sus dos pitones. Digno y profesional el sevillano, en el momento en que vio el material que tenía delante, no perdió el tiempo se fue por la espada y mató de pinchazo y estocada, siendo ovacionado.
El sexto de la tarde fue para otro murciano, en este caso el lorquino Paco Ureña, que ante un novillo parado y que tiraba la cara arriba al acabar el muletazo, se pegó un arrimón de categoría. Que buen concepto del toreo tiene Ureña y cuando hay que poner toda la carne en el asador, lo hace en las cortas distancias, metiéndose entre los pitones, adornándose con «manoletinas» y pegando un estoconazo que le valieron las dos orejas.
Cerraba cartel el novillero Antonio Puerta. Discreto con el capote, estuvo vibrante en el inicio de la faena de muleta, con dos pases cambiados por la espalda en los medios, para enlazar con el de pecho. Templó y bajo bien la mano en los derechazos, concretamente en dos tandas. Los naturales no salieron tan limpios y el novillo fue apagándose, estando siempre el torero por encima de él y deseando pegarle pases como fuera, y lo hizo, tanto que acabo pasando de faena al novillo, le pegaron un aviso, lo pinchó, este salió en estampida de una esquina a otra de la plaza y cuando se paró, el ceheginero le recetó un estoconazo con muerte espectacular, que también le valieron las dos orejas y el rabo.
Como decimos en el titular, la tarde-noche fue de los murcianos. Rafaelillo, Ureña y Puerta se repartieron seis orejas y dos rabos, y se sumó con dos y un rabo Enrique Ponce.
La novillada tuvo de todo, cuatro novillos manejables y que permitieron el triunfo y dos con más problemas, sobre todo el que le tocó a El Cid. Yo no noté la ausencia de Paquirri y cuando abandonaba la plaza, escuche el ruido de fondo de esos violentos que aún no se han enterado que los toros son Cultura. Pobrecitos.
GONZALEZ BARNES
Fotos: EL MULETAZO
